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¿Revolución o Privilegio? Las disidencias sexuales entre la calle y el espejo

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¿Revolución o Privilegio? Las disidencias sexuales entre la calle y el espejo

Reseña crítica

A más de dos décadas de Los de afuera a la luz (2002), Carlos Sánchez Soto vuelve con un libro que no es continuación sino confrontación. Si aquel ensayo pionero se hacía la pregunta por la visibilidad -quiénes están afuera y por qué-, este nuevo trabajo se pregunta qué hicimos con esa visibilidad una vez conquistada, y a quién sirvió realmente. La respuesta que recorre las páginas del libro es deliberadamente áspera: sirvió a algunos, pero no a los que siempre estuvieron abajo. De ahí el título, que lejos de la retórica es una puerta al diagnóstico. ¿Revolución o privilegio? es la disyuntiva que el movimiento de disidencias sexuales arrastraría durante décadas sin querer nombrar.

La tesis y su coraje

La tesis central del libro es contundente y políticamente incorrecta al interior del propio movimiento, porque las disidencias sexuales deben pensarse como sujeto de clase, y quien las piense fuera de esa clave reproduce el borramiento histórico que las constituyó como sujetos.

Sánchez Soto articula esta tesis con una matriz teórica explícita -patriarcado, capitalismo, colonialidad y tecnofeudalismo- y la confronta con la genealogía del movimiento desde el siglo XIX hasta el Chile contemporáneo. El recorrido es ambicioso, a veces excesivo, pero políticamente necesario, porque no se trata de sumar capas historiográficas sino de demostrar que cada conquista parcial fue también una operación de selección -quiénes entraban, quiénes quedaban afuera- y que esa selección operó sistemáticamente a favor de los sectores menos amenazados por la estructura de clase.

El mayor valor del libro está en su disposición a incomodar. Sánchez Soto no elude la crítica interna, relacionada con la ONGización del movimiento. La dependencia de fondos concursables, la profesionalización del activismo, la seducción de los enfoques liberales y la conversión de la lucha por la vida en lucha por la ciudadanía son nombradas sin eufemismos. La despenalización de la sodomía, leída aquí como moneda de cambio en acuerdos comerciales con la Unión Europea, es probablemente el pasaje más provocador del libro. No porque sea una tesis nueva en la literatura crítica sobre el neoliberalismo LGBT, sino porque la plantea un actor que estuvo dentro del proceso, no un académico externo. Esa diferencia de inscripción le da al argumento una autoridad específica que conviene no perder de vista.

El libro se asume como ensayo, no como tratado, y en esa apertura está su valor. Sus puntos críticos no son límites sino invitaciones a profundizar, porque queda planteada la tarea de profundizar en la articulación entre clase, colonialidad, racialización y situación migrante, para una próxima generación del movimiento; la genealogía, leída desde el presente, permite nombrar traiciones y abrir la pregunta por las contingencias que aún pueden retomarse; y el capítulo sobre emociones, teóricamente el más sugerente, ofrece una pista para que el programa disidente incorpore una política afectiva concreta. «El programa disidente», en fin, no pretende cerrar análisis sino abrir conversación, dejando las líneas de acción planteadas como un borrador estratégico que el movimiento mismo deberá priorizar, articular y tácticamente desplegar.

Un libro necesario, no un libro cómodo

¿Revolución o Privilegio? no es un libro cómodo para nadie. Incomoda a la derecha porque nombra al capitalismo como matriz de la opresión sexual. Incomoda a las variantes liberales del movimiento porque las describe como efecto de la cooptación, no como aliado táctico. Incomoda a la izquierda porque le reclama que no reduzca la cuestión sexual a superestructura. E incomoda al propio movimiento de disidencias porque le pide que se mire en el espejo y reconozca que dentro de sí mismo se han reproducido jerarquías de clase que el discurso identitario tapó durante décadas.

Los prólogos de Alexa Soto y Juan Andrés Lagos Espinoza cumplen una función que no es decorativa, porque instalan la tensión desde la primera página. Soto, desde su posición trans, advierte que no todas las personas disidentes viven la misma violencia; Lagos, desde el pensamiento marxista, sitúa el ensayo en una tradición que lo enriquece sin reducirlo. Ambos dejan claro que el libro no se escribe desde la torre académica sino desde la organización, porque para algunos puede aparecer como una limitación el hecho que algunas categorías no se han desarrollado completamente; y su mayor virtud es que cada afirmación está sostenida en una trayectoria política.

En un contexto de avance de la extrema derecha en América Latina, este libro llega en el momento justo. No para consolar, ni para sumar un título más a la bibliografía LGBT. Llega para armar pelea teórica dentro de un campo que se quedó sin horizonte, y para insistir en la idea de que la liberación sexual sin justicia social es una contradicción y es esa idea la que el neoliberalismo se empeña en borrar

La calle sigue siendo el lugar desde donde se nombra lo que la institucionalidad calla.

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